Desde dónde generar el éxito en la educación post milenial
Conociendo a tu bebé
Llegó el momento del nacimiento de Luca. Lo vi, confirmé que todo estaba bien. Feliz de que estuviera sano, pensé, okey, Luca, es tiempo de saber quién eres. Déjame conocerte.
Con mucha paciencia y ganas de observar, fui adaptando mis horas de dormir a las suyas, lo fui incorporando a mis faenas de limpieza y de estudios, y cada vez que podía, leía libros sobre psicología infantil.
Empecé por el genial, sencillísimo y muy completo Qué esperar durante el primer año, que no me canso de recomendar, al igual que su predecesor, Qué esperar cuando se está esperando, el popular bestseller de los años 90 que nos ayudó a cientos de miles de madres y padres a transitar por la maternidad primeriza, en mi caso, de una situación muy peruana, de creencias infundadas y temores excesivos sobre cómo ser madre de un chiquilín alfa.
No te puedo contar las veces, por ejemplo, que me gritaron ¡mala madre, ponle medias! en la calle, en pleno verano del año 2000, por llevar a mi hijo en mis brazos en camiseta y pañales; es decir, hacía calor y, ¡el pobre bebe estaba en pañales! Ni tampoco las veces en las que estuvimos en las salas de espera pediátricas para sus consultas regulares, en donde él era el niño más desvestido y el único sin tos ni mocos en la cara. Insisto, en pleno verano.
tu bebé es tu bebé, y tú decides lo que es mejor para ambos.
Lo que yo aplicaba en esos momentos anticultura, fue el principio que más me gustó de entre todos los que leí: que no te importe lo que los demás piensen sobre la crianza; tu bebé es tu bebé, y tú decides lo que es mejor para ambos.
¿Qué fue lo que me llevó a educar a mi hijo de una forma distinta de lo que estaba preestablecido por mi familia y por la sociedad en general en la que yo vivía?
Sucede que, desde muy pequeña, y como muchos niños, sensible al comportamiento incomprensible, a veces incontenible que mostraban los adultos, me proponía a cada momento, yo voy a educar diferente a mis hijos.
Luca, mi primogénito, vino con su propia carga emocional, con sus propios genes dominantes, y con sus propios intereses. De verdad que era una delicia presenciar sus juegos, su manera de enfrentar los nuevos retos de cada día, y aprender la paciencia de que él no tenía que pasar por el mismo aprendizaje de la manera en la que yo lo había hecho. Mi educación para con él tenía que ser algo así como reaccionar a lo que él mismo exigía de mí como mamá.
amor, sabiduría y consciencia
La modernidad y la sensación de que el dinero no alcanza o la exaltación del individualismo o la idea de que ser madre o padre es difícil, se interponen en el camino de una enseñanza en amor, sabiduría y consciencia. Y la sabiduría parece ser aquella posición en la que yo tengo algo que dar desde el corazón, no desde mis intereses o mis miedos, y siempre es una posición de apertura y diálogo en la que yo también puedo aprender, aunque sea el ser humano de mayor experiencia. Esa posición de apertura ante tu bebé, y una nueva sensación, una nueva idea, la nueva perspectiva de disfrutar de su presencia, de descubrir la maravillosa magnificencia de su creatividad, de sus juegos, la manera en la que sus ocurrencias te hacen desternillar de risa, a veces internamente para que no sienta que te estás burlando, son la base más importante y aquél fundamento que hay que buscar si aún no se lo tiene incorporado.
Escucha. Presencia. Admira en tu bebé toda su novedad.
Éste es el secreto que va sumado a tres reglas sencillas que tomé como resumen de los grandiosos libros de psicología que pude leer durante los dos primeros años de este camino infinito que significa ser mamá:
SOLO DEBE TENER ESTAS TRES REGLAS CLARAS
A pesar de que a Luca yo le hablaba de todo, es decir, le contaba sobre los sistemas filosóficos que estudiaba durante los semestres, le preguntaba su opinión sobre mis interacciones con la gente, etcétera (sí, aunque tuviese solo cinco meses y aún no pudiera decir ni mamá), en lo relativo a lo que yo esperaba de él debía ser muy clara. Los niños son inteligentes, y sí, así como a un adulto no se le debería andar con rodeos, los niños entienden perfectamente cuando se les dice algo concreto y directo, en especial si son muy pequeños, pues aún están en proceso de aprender las metáforas. Así que sé concreta con lo que quieras de tu bebé.
A la vez, generar un hábito requiere práctica. Para ser exitosos en la adquisición de cualquier habilidad, la práctica la debes realizar consistentemente. Por lo tanto, las reglas claras, no pueden ser muchas, al contrario. Menos reglas, mejor.
En resumen: pocas reglas claras. Punto.
Para el caso de mi hijo, mis tres reglas fueron las siguientes:
1.
No metas los dedos ni nada más a los enchufes.
Mi entonces suegra, la mamá del padre de Luca, me dijo que, si yo le enseñaba al bebe que no debía tocar los adornos de vidrio, él entendería y no lo haría.
Ninguno de sus hijos tuvo problemas en entender esa regla clara, y, por lo tanto, Luca entendería de igual manera. Lo de los adornos no me era tan interesante como estas palabras clave: regla clara.
Se me ocurrió darle a mi bebé una regla que englobara las cosas que podía hacer, ya que, como comprenderás, decirle a un pequeño de pocos meses que no experimente en la edad en la que debe experimentar, iba a resultar una lista imposible. Le agradezco a la abuelita de Luca pues así, yo misma supe cómo atender eficazmente este asunto. Esta fue la primera regla y su única prohibición, con una explicación gráfica imaginativa de lo terrible que le podía suceder si lo hacía: la de, por nada de nada, meter los dedos u otro objeto en esos huequitos de los enchufes. Nunca lo hizo
2.
Si vas a hacer algo nuevo, avísame primero
Algo nuevo implica también jugar con una vajilla, adornos de vidrio, agarrar una tijera o un cuchillo, cosas que un bebé ve hacer a un adulto y, que, lógicamente, él debe probar.
Así que, en vez de decirle, no toques el cuchillo, no te tires del ropero, no cortes la manzana, su regla era esa: si vas a hacer algo nuevo o difícil aún, avísame primero.
Así si quería chupar un adorno de vidrio, yo iba a estar ahí; si quería trepar al ropero y de ahí tirarse a la cama como Superman, yo estaría ahí, etcétera. Y así sucedió. No solamente desarrollamos una relación cercana y muy divertida, porque yo me divertía horrores viendo a mi hijo y luego a su hermana interactuar con el mundo y entre ellos mismos, sino que estás ejercitando su confianza en ti, les estás diciendo, ven, puedes hacer lo que quieras, confía en mí, yo te ayudo; y por otro lado, estás permitiendo que reconozcan con sus sentidos todo aquello que tienen que experimentar, estimulas su mente, su cerebro, sus reflejos, y, más allá de todo eso, encuentran una excelente relación con su propio cuerpo, porque no hay nada que los reprima: los estás ayudando y alentando a ser independientes y a sentirse en comodidad con sus propios movimientos y dimensiones cambiantes.
3.
Si quieres ir a algún lugar, avísame primero.
Es una variación de la segunda regla, pero por algún motivo entendí que los niños distinguen los movimientos en general que varían entre los planos verticales, de aquellos que implican traslado.
Entonces, si por algún motivo yo me distraía (y te puedo asegurar que jamás me distraje en ningún lugar público, pero igual existía esa regla), Luca venía y me decía, mamá, quiero ir más allá en el parque, o, cuando aún no hablaba, me señalaba el lugar y ya sabía que implicaba un traslado.
Entonces, yo dejaba lo que sea que estuviera haciendo (eso además le da la seguridad a tu hijo de que él muy importante), y me levantaba a acompañarlo. A veces me pidió que lo acompañara a cruzar una pista, muchas veces era llevarlo a la tienda a comprar postre, y otras veces me pasaba que en los restaurantes a los que íbamos con otras familias, Luca jugaba con otros niños, y cuando le proponían ir a un lugar que estaba fuera del sitio en donde se suponía iba a estar jugando, él siempre venía a avisarme que se iba con sus amiguitos a otra locación.
Muchos padres no comprendían cómo yo podía preferir estar en la piscina de pelotas con mi hijo y sus amigos en lugar de estar conversando con otros adultos; creo que nuestra concepción sobre dónde poner la atención es el problema. Mi pregunta sería, más bien, ¿cómo alguien preferiría estar hablando con otros adultos si tiene a su lado al ser más alucinante con el que podría estar? No les decía nada, pero era evidente que para mí pasar tiempo con mi hijo, y luego con él y su hermana, era infinitamente más interesante que cualquier cosa que podía haber alrededor.
ejercitar el diálogo y un esfuerzo por el entendimiento mutuo
Luego están las conversaciones que se tienen antes de que suceda algo: por ejemplo: mamá está cansada, cada día necesita descansar por la tarde 30 minutos, y ese tiempo es sagrado, porque así estoy más feliz y tengo más energía para ti. Si quieres, puedes descansar conmigo o venir a jugar en silencio a mi lado. Luca decidía traer sus cientos de carritos y los ordenaba sobre la cama y sobre mis piernas incluyéndome en el paisaje de sus carreteras imaginarias. O también están las conversaciones que quieren evitar que tu hijo se sienta mal cuando no va a obtener lo que quiere: hoy no vamos a comprar varios postres, así que quizá te pueda dar a escoger solo uno. ¿Estarías bien con eso? Es muy probable que esté bien, o que se abra un debate a su altura, necesario al respecto del por qué ahora es distinto, y eso está bien para poder ejercitar el diálogo y un esfuerzo por el entendimiento mutuo. Todo eso debe suceder antes del evento, antes de salir de la casa, y sin ningún tipo de apuros de por medio. Finalmente, hacia los tres años, luego de esas reglas claras, introduje las palabras mágicas: los saludos, las despedidas, y las reinas de toda la vida: por favor y gracias.
Ya sé, es posible que estés pensando, pero no tengo tiempo de hacer todo eso, jugar, llevarlo a todas partes conmigo, etcétera. Cuando Luca nació, yo trabajaba y estudiaba filosofía, no tenía domicilio fijo. ¿Alguien sabe lo que es estudiar filosofía? ¿En una buena universidad?
Sí, efectivamente, dormí menos.
Sí, cambié mi rutina de ejercicios (la bicicleta se convirtió en mi medio de transporte para ir a la universidad, hacía casi 16km diarios, y cuando se pudo, empecé a jugar fútbol con Luca),
¿pero sabes qué?
Si Luca y Alaikari volvieran a nacer, dejaría todo, me iría a viajar con ellos, y les dedicaría el 200 por ciento que debía haberles dedicado, porque sí, sí se puede, seas quien seas, tengas la condición económica que tengas, pero, sobre todo, sí, sí se lo merecen.
Tú lo mereces. Punto.
Autor: Úrsula Carranza. Deportista, entrenadora de acrobacia aérea e instructora de Hatha Yoga. Conoce más sobre Úrsula en nuestro directorio.
yo con Luca y Alaikari


